Este indicador no es un ranking de toneladas de dióxido de carbono. La serie del Banco Mundial Adjusted savings: carbon dioxide damage (% of GNI) transforma determinadas emisiones de CO₂ en una estimación monetaria de daños y compara esa cifra con el ingreso nacional bruto (INB). El resultado muestra cuánto representa el daño estimado por CO₂ en relación con los ingresos de una economía. Por eso dos países con emisiones absolutas muy distintas pueden terminar con porcentajes cercanos, y dos países con emisiones similares pueden mostrar valores muy diferentes.
El conjunto más reciente contiene 204 países y territorios, pero no todos comparten el mismo año. 186 observaciones, el 91,2%, corresponden a 2021. Las otras 18 conservan como último dato disponible un año situado entre 1985 y 2020. Esta mezcla obliga a separar dos usos: el conjunto completo sirve para consultar el último valor disponible de cada economía, mientras que las comparaciones directas se realizan con las 186 observaciones de 2021.

Índice
La gran mayoría de los últimos datos es de 2021, pero hay 18 observaciones anteriores
La cobertura temporal está muy concentrada. Además de las 186 observaciones de 2021, hay cinco de 2020 y cinco de 2019. El resto se reparte entre 2018, 2015, 2014, 2011, 2007, 2000 y 1985. American Samoa conserva 1985 como último año disponible; French Polynesia y New Caledonia, 2000; Greenland, 2007; y Eritrea, 2011. Esos datos son válidos para su fecha, pero no deben reinterpretarse como estimaciones de 2021.
La diferencia de años también modifica el orden de los valores más altos. Syrian Arab Republic alcanza 9,85% en el conjunto de últimos datos, pero esa cifra es de 2020. Turkmenistan aparece con 6,82% y año 2019. Cuando se fija 2021 como año común, Iran, Islamic Rep. pasa a ocupar el primer lugar. Mostrar el año junto al valor es esencial para que una observación antigua no parezca una medición contemporánea.

En la comparación de 2021, Irán registra 8,62% del INB
Entre las 186 economías con dato de 2021, Iran, Islamic Rep. presenta el porcentaje más alto, con 8,62%. Le siguen Mongolia con 7,36%, Lao PDR con 7,23% y Uzbekistán con 7,16%. Libia se sitúa en 6,09%, Tayikistán en 5,57%, la República Kirguisa en 5,43% y Kazajistán en 5,04%. En total, ocho economías alcanzan o superan el 5%.
Estas cifras no significan que cada economía haya perdido físicamente ese porcentaje de sus ingresos durante el año. Son cocientes derivados de una valoración monetaria de daños por CO₂. Un porcentaje alto puede deberse a un numerador elevado, a un INB relativamente pequeño o a la combinación de ambos. Por eso este indicador responde mejor a la pregunta “¿qué tamaño tiene el daño estimado frente a los ingresos nacionales?” que a “¿quién emite más CO₂?”.

| Economía | Valor 2021 |
|---|---|
| Irán | 8,62% |
| Mongolia | 7,36% |
| Laos | 7,23% |
| Uzbekistán | 7,16% |
| Libia | 6,09% |
| Tayikistán | 5,57% |
| República Kirguisa | 5,43% |
| Kazajistán | 5,04% |
| Argelia | 4,91% |
| Viet Nam | 4,84% |
La mediana de 2021 es 1,30% y la media asciende a 1,82%
Los valores de 2021 se concentran bastante por debajo de los máximos. La mediana es aproximadamente 1,30% y la media aritmética cerca de 1,82%. El primer cuartil se sitúa alrededor de 0,90% y el tercero en 2,32%. La media es mayor que la mediana porque unas pocas observaciones altas alargan la parte superior de la distribución. La economía situada en el centro del conjunto está, por tanto, mucho más cerca de 1% que de los niveles superiores a 5%.
Al agrupar los valores, 18 economías quedan por debajo de 0,5%; 35 entre 0,5% y menos de 1%; 76 entre 1% y menos de 2%; 30 entre 2% y menos de 3%; 19 entre 3% y menos de 5%; y ocho entre 5% y menos de 10%. Los tres primeros grupos suman 129 economías, aproximadamente el 69% del subconjunto de 2021. La distribución está, por ello, mucho más poblada en los intervalos bajos.

Qué representa exactamente el daño por dióxido de carbono
La metadata oficial del Banco Mundial describe el indicador como el costo del daño asociado a emisiones de CO₂ procedentes del uso de combustibles fósiles y de la fabricación de cemento. La definición aplica un valor monetario de 40 dólares por tonelada de CO₂, descrito como el daño unitario en dólares de 2017 para CO₂ emitido en 2020, y multiplica esa cantidad por las toneladas emitidas. Después expresa el resultado como porcentaje del INB. La definición puede consultarse en la metadata oficial de World Bank DataBank.
El término “daño” puede llevar a pensar en pérdidas observadas por inundaciones, sequías o fenómenos extremos, pero esa no es la construcción de esta serie. Tampoco suma todos los gases de efecto invernadero ni todos los impactos climáticos medidos en cada territorio. Es una valoración estandarizada aplicada a un conjunto definido de emisiones de CO₂. Esa precisión permite comparar el indicador dentro de su marco contable, pero impide interpretarlo como una factura nacional observada de desastres climáticos.
El INB cambia la lectura respecto de un ranking de emisiones
El ingreso nacional bruto refleja los ingresos obtenidos por los residentes de una economía e incorpora el saldo de ingresos primarios con el exterior. Al dividir el daño estimado por el INB, el mismo monto monetario de daño puede producir porcentajes muy distintos. Una economía con una base de ingresos mayor tendrá, en igualdad de condiciones, un cociente menor; una con ingresos más reducidos, uno mayor.
Por este motivo, las posiciones no replican un ranking de emisiones totales. Una economía grande puede emitir mucho CO₂ y mantener un porcentaje moderado gracias a un INB muy elevado. Otra economía con emisiones absolutas inferiores puede registrar un porcentaje mayor si su producción es intensiva en carbono y su INB es más pequeño. Para entender la dimensión física de las emisiones conviene complementar esta serie con toneladas totales, emisiones por habitante y emisiones por unidad de PIB.
El componente de CO₂ no es la tasa completa de ahorro ajustado
La expresión “adjusted savings” forma parte del nombre de la serie porque el daño por CO₂ se utiliza dentro del marco más amplio de ahorro neto ajustado. Ese marco parte del ahorro nacional y realiza ajustes por educación, depreciación, agotamiento de recursos naturales y daños por contaminación, entre otros componentes. El valor mostrado aquí es únicamente el componente relativo al dióxido de carbono, no el saldo final de ahorro ajustado.
Una economía puede tener un porcentaje alto de daño por CO₂ y, al mismo tiempo, mostrar resultados diferentes en otros componentes del ahorro ajustado. También puede ocurrir lo contrario. Por eso no es correcto utilizar NY.ADJ.DCO2.GN.ZS como una puntuación única de sostenibilidad. Quien quiera evaluar el ahorro neto ajustado en su conjunto debe consultar la serie completa y considerar cómo se combinan todas las adiciones y deducciones.
Los 204 últimos valores sirven para consulta, no como ranking de un único año
Si se ordenan todas las últimas observaciones disponibles, Syrian Arab Republic aparece con 9,85% en 2020, seguida por Iran, Islamic Rep. con 8,62% en 2021, Mongolia con 7,36%, Lao PDR con 7,23% y Uzbekistán con 7,16%. Turkmenistan figura también entre los valores altos con 6,82%, pero su observación es de 2019. El gráfico de últimos datos incluye el año en cada etiqueta precisamente para evitar que estos valores se mezclen de forma invisible.
La cautela temporal es importante porque tanto las emisiones como el INB pueden cambiar rápidamente. Una variación en actividad industrial, precios de energía, crecimiento económico o producción de cemento puede modificar el cociente. En observaciones mucho más antiguas la distancia temporal es aún mayor. El dato de American Samoa de 1985, por ejemplo, debe leerse como su último valor disponible en esta extracción, no como una descripción de la situación actual.
Un porcentaje bajo no equivale automáticamente a una mejor política climática
En el extremo inferior de 2021 aparecen Puerto Rico (US) con 0,08%, Suiza con 0,20%, Suecia con 0,22%, Islandia con 0,26% y Congo, Dem. Rep. con 0,27%. Los motivos posibles son diversos: emisiones relativamente bajas de combustibles fósiles y cemento, un INB elevado, una matriz eléctrica menos intensiva en carbono, una estructura industrial distinta o una combinación de estos factores.
La serie no mide de forma directa ambición climática, calidad de las políticas, adaptación, despliegue de renovables ni todos los gases de efecto invernadero. Por ello no conviene convertir el porcentaje en una clasificación de “buenos” y “malos” resultados climáticos. Para ese objetivo hacen falta indicadores adicionales sobre emisiones totales y per cápita, intensidad de carbono, energía, uso del suelo y ejecución de políticas.
Para estudiar tendencias hace falta la serie temporal completa
El archivo de últimos valores contiene una observación por economía. Eso permite comparar niveles entre países, pero no calcular tendencias nacionales. Saber si el porcentaje de un país aumentó o disminuyó requiere recuperar varios años de la serie y seguir tanto el numerador como el INB. También conviene revisar cualquier cambio de metodología o de valoración que afecte a la comparabilidad a lo largo del tiempo.
La advertencia es especialmente importante para las 18 economías cuyo último dato es anterior a 2021. No hay base para proyectar automáticamente esos valores hacia el presente. Si la pregunta es la carga actual, el análisis debe complementarse con emisiones recientes, datos de energía e información de ingresos nacionales. El último dato disponible es un punto de referencia, no una estimación de los años ausentes.
Cómo usar este indicador sin convertirlo en algo que no es
Una lectura prudente puede resumirse en cinco pasos. Primero, comprobar el año de observación. Segundo, utilizar el subconjunto de 2021 cuando se necesite una comparación directa del mismo año. Tercero, recordar que el porcentaje depende tanto del daño monetizado como del INB. Cuarto, tratar el daño como una valoración estandarizada y no como pérdidas observadas. Quinto, distinguir el componente de CO₂ de la medida completa de ahorro neto ajustado.
Con esas precauciones, la serie ofrece una perspectiva económica útil sobre las emisiones de carbono. La mediana de 1,30% en 2021 sirve como referencia del centro de la distribución, mientras que las ocho economías por encima de 5% señalan casos donde el daño valorado es especialmente grande frente al tamaño del ingreso nacional. Su utilidad aumenta cuando se combina con estadísticas de emisiones, energía e ingresos y disminuye cuando se usa como un veredicto aislado sobre sostenibilidad.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa un valor de 2% del INB en este indicador?
Significa que la valoración monetaria estandarizada del daño por CO₂ utilizada por el Banco Mundial equivale aproximadamente al 2% del ingreso nacional bruto de esa economía. No es una pérdida observada por desastres.
¿Se pueden ordenar los 204 últimos valores como si todos fueran de 2021?
No. Hay 186 observaciones de 2021, pero 18 economías conservan un último dato anterior, entre 1985 y 2020. Para una comparación del mismo año conviene usar solo el subconjunto de 2021.
¿Un porcentaje más alto implica siempre más emisiones totales de CO₂?
No. El porcentaje depende tanto de la valoración del daño asociada a las emisiones como del tamaño del INB. Por eso el orden puede diferir considerablemente de un ranking de toneladas de CO₂.
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